sábado, 25 de diciembre de 2021

La Deuda Colonial - una nueva serie para DBGH

 

La deuda colonial


Desde antes incluso de completar la serie completa de videos de la asignatura de DBGH, ya sabía que había una serie de temas que quería tratar a fin de completar algunos aspectos que me parecían incompletos o en los que quería profundizar. Uno de esos documentales, el primero que hice, fue el de la conquista de América. Otro aporte muy importante fue el Anexo en tres partes al Tema 10 (10.10, 10.11, 10.12) de la asignatura donde, con ayuda de varios especialistas, intentamos desmontar los argumentos creacionistas que intentan usar argumentos de aspecto científico para “demostrar” sus conclusiones religiosas. Aún tengo varios temas más sobre los que quiero tratar, si los videos y podcasts secundarios y espontáneos que se me ocurren no me quitan todo el tiempo… y hoy quiero presentar una de estas ideas, la cual con toda seguridad será una serie propia de varios documentales. La serie se llamará
«La Deuda Colonial», y lo que quiero tratar son los crímenes contra la humanidad y los genocidios cometidos por las potencias occidentales durante la época colonial. Un tema sin duda algo macabro y no recomendado para todos los públicos.

El origen de la idea:

Todo comenzó durante las clases de DBGH del Tema 11 sobre los primeros evolucionistas, y muy concretamente el Tema 11.5 sobre el final del siglo XIX y su contexto colonial. Esta clase del profesor Armando González fue una de las clases que se me quedaron grabadas más profundamente en el recuerdo, seguramente también porque la clase estaba basada alrededor de las lecturas de uno de los grandes libros sobre el tema: «El sueño de África», de Javier Reverte.

Durante este episodio, me enteré por primera vez de los simpáticos entretenimientos que se traía el rey Leopoldo II de Bélgica en su finca particular del Congo, en el centro de África. En aras del lucro, este venerable personajillo instigó y fue responsable de uno de los mayores crímenes contra la humanidad jamás cometidos. Las estimaciones actuales más elevadas calculan que en el Estado Libre delCongo fueron asesinados de diversas y atroces maneras hasta 15 millones de personas. En apenas 23 años. Una auténtica monstruosidad.

Este descubrimiento para mí fue absolutamente transformador y chocante. Debido al tupido velo que se ha corrido sobre toda la época colonial en el siglo XIX, yo me crié pensando que hasta las atrocidades cometidas por la Alemania Nazi de Hitler, el mundo había sido un lugar más o menos feliz. Había habido guerras y masacres, claro, pero yo crecí pensando que a nadie más que al chalado de Hitler se le había ocurrido la barbaridad de intentar exterminar a un pueblo… Muy equivocado estaba. Muy equivocados estamos todos. Es extraño lo mucho que incomoda hablar de genocidios y masacres colonialistas, pero es así. Y yo empecé a preguntarme por qué sería… Y también empecé a indagar un poco más sobre la cuestión, claro. Ahí nació la idea para esta serie.

El alcance de esta serie:

Como es lógico, es necesario acotar un poco el alcance de esta serie y de las investigaciones que voy a realizar. De lo contrario, sería imposible abarcarlo todo. Originalmente mi idea había sido la de crear una única clase magistral de más o menos una hora de duración para tratar todos los genocidios que han existido. Pero no todos los crímenes coloniales pueden considerarse genocidios, y no todos los genocidios estuvieron motivados colonialmente. Y, por otro lado, ¿cuándo empieza la época colonial? ¿La colonia holandesa del Cabo fundada en 1652 entraría dentro de la definición? ¿Los crímenes de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en las islas del pacífico hacia 1620 cuentan como crímenes coloniales? ¿Y la conquista española de América?

En mi opinión, y en concordancia con las ideas expuestas a lo largo de la asignatura de DBGH, la época colonial no comenzó hasta finales del siglo XVIII y tuvo su momento álgido en la segunda mitad del siglo XIX. Ello se debe a que la época colonial es fruto de una ola de expansiones europeas que nacieron al calor de la Revolución Industrial, y que tenían en su base esa motivación comercial y de lucro. Sin duda la Compañía Holandesa de las Indias Orientales y las colonias británicas en Norteamérica tenían ya ese componente comercial en su seno, sin embargo estaban aún muy ligados a un expansionismo nacionalista y a unos intereses nacionales. El gran cambio de paradigma en el siglo XIX fue la aparición del estamento empresarial, la burguesía, y la iniciativa privada. Esto es un cambio fundamental con respecto a la mentalidad anterior de las sociedades que buscaban la expansión territorial para mayor gloria de sus gobernantes. Mientras que las Américas se conquistaron en nombre del emperadorCarlos V, la reina de Inglaterra era más bien anecdótica en relación a la anexión de la India por parte de los británicos, y Leopoldo II de Bélgica sehizo con el Congo para su lucro personal, no para ninguna gloria ni prestigio internacional. Creo que hay una diferencia de mentalidad importante entre ambas épocas, y sobre todo, una continuidad de la mentalidad capitalista colonial con la que impera en la actualidad. O sea, que si esta serie ha de servir para que podamos extraer alguna lección de utilidad en la actualidad, tiene sentido que me limite a aquellos periodos que tienen una continuidad política y económica directa. Esto es el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX.

Propuestas de investigación

Como siempre en esta asignatura, soy la persona menos adecuada para hablar de ninguno de estos temas: no tengo ni idea al respecto. Lo único que tengo a mi favor es mi interés por la cuestión y mi pasión por la lectura. Será, por tanto, un proyecto bibliográfico. A medida que vaya leyendo libros sobre los crímenes y genocidios coloniales, intentaré ir produciendo nuevas entregas para la serie. Potencialmente se trata de un trabajo infinito e inacabable, pero también abierto a expandirse aún más y a contribuciones externas.

En los pocos años que llevo pensado sobre esta cuestión hay varios temas sobre los que me gustaría investigar, que son los siguientes:

-La «Rebelión de los Boxers» en China y la apertura forzosa del Japón de los Samuráis al comercio internacional en el siglo XIX.

-El genocidio de los indios Mapuche en Argentina y el exterminio de los Ona, Yaghan, y Haush en Tierra del Fuego a manos del gobierno Chileno («Genocidio Selk’nam»). 

-El colonialismo alemán en África: el genocidio de los Nama y los Herero entre 1904 y 1908 en la actual Namibia.

-El genocidio de los indios Yaquis y Mayas en el México del general Porfirio Díaz a principios del siglo XX.

-El genocidio Armenio de 1915 a manos de la República de Turquía.

-La guerra de secesión colonial en Marruecos y Algeria contra España y Francia.

-El genocidio de los aborígenes australianos en el siglo XX.

-Etc.

Hay otros temas que, no obstante, doy ya por tratados, ya sea en la asignatura de DBGH o en alguno de mis anteriores documentales o podcasts, y sobre los que no me extenderé más:

-El Estado Libre del Congo de Leopoldo II de Bélgica queda cubierto por el «Tema 11.5 – El finaldel siglo XIX» de la asignatura de DGBH.

-La conquista de América y sus consecuencias quedan cubiertas tanto por mi documental de «Laconquista de América» como por los Temas 9.8, 9.9 y 9.10 de la asignatura de DBGH. También recomiendo la crítica de Nick Hodges a la película «1492: la conquista del paraíso».

-El genocidio de los nativos norteamericanos se trata también en mi documental de «La conquista deAmérica», sobre todo en el fragmento del magnífico video de Nick Hodges sobre la película «Bailando con lobos» en su canal de YouTube «History Buffs», y también se habla sobre la cuestión de los nativos norteamericanos en el «Tema 9.5 – El Hombrede Kennewick» de DBGH.

-Los genocidios de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales en el pacífico también han recibido su mención en mi documental de «La conquista de América» en una lectura de Daron Acemoglu y James A. Robinson de su libro «Por qué fracasan los países».

-Sobre la esclavitud norteamericano y la discriminación racial en EE.UU. ya hablamos a lo largo del Tema12 de DBGH, especialmente en el «Tema 12.7 - Esclavitud y el Movimiento por losDerechos Civiles». También recomiendo encarecidamente el libro autobiográfico «12 años de esclavitud» de Solomon Northup.

Por supuesto esta lista es incompleta y está abierta a sugerencias y a ampliación.
Examinemos ahora cuáles son las razones para realizar esta serie.



Razones para esta serie:

Me parece razonable que el lector se pregunte acerca de la necesidad de desenterrar estas viejas y horripilantes historias de nuestro pasado colonial. Definitivamente, no queda ya nadie en vida de aquella época, ni tampoco ningún descendiente directo. ¿Qué diantres aporta todo esto? ¿No será puro morbo macabro por parte del autor investigar estas atrocidades? Sin embargo, se me ocurren diversos argumentos para defender la necesidad y el interés de sacar a la luz (nuevamente) esta cuestión:

El argumento de la justicia:

Es innegable que poca gente ha oído hablar de estas masacres y genocidios, y si hemos oído hablar de ellos ha sido desde una perspectiva completamente retorcida e insostenible. Pensemos por ejemplo en todas las grandes películas sobre el ilustre pasado colonial británico. Tomemos por ejemplo «Zulú», donde los heroicos soldados británicos sufrieron una de sus más terribles derrotas a manos de los “salvajes”. O recordemos todas las películas sobre el paso Khyber, entre Paquistán y Afganistán, que fue la frontera salvaje e indómita en la que durante décadas lucharon los casacas rojas británicos. O lo que nos contaron en el colegio sobre la «Rebelión de los Bóxers», en 1900 en China. En todas estas instancias, la imagen que se nos ha vendido es la del glorioso aventurero europeo que se enfrenta a las vicisitudes de un mundo hostil y desconocido en tierras lejanas, y de su frustrante lucha por expandir la luz del progreso y la civilización en países  bárbaros y atrasados. Yo recuerdo como especialmente insidiosa la clase que recibí en el colegio sobre la «Rebelión de los Boxers», por ejemplo. Es cierto que aquel profesor de Historia era de lo más incompetente que he visto en mi vida, pero aún así, como ejemplo, es interesante. Este profesor nos contó cómo las potencias europeas de la época intentaron “abrir” China al comercio internacional para beneficio mutuo, y se encontraron con que los chinos miserables y retrógrados no querían. Maliciosamente se organizaron y atacaron a los pobres “comerciantes” europeos y los europeos se vieron obligados a “restaurar la ley y el orden” con sus barcos de guerra y sus marines. Lo que aquellos barcos de guerra hacían ahí en China nunca fue motivo de debate, como tampoco se debatió quién tenía razón en aquel conflicto, ni si los europeos tenían algún derecho a “abrir” al comercio a países que no lo quisieran. Y, como digo, mucho es ya que en el colegio nos contaran algo siquiera de aquel intento legítimo chino por defender su país y sus valores. Como ya he mencionado antes, yo nunca llegué a oír ni hablar del Congo belga y su exterminio de 15 millones de seres humanos.

Es de justicia corregir este error de nuestra educación colectiva como sociedad poniendo de manifiesto aquellas fechorías que cometieron nuestros antepasados en nombre de nuestros valores del “progreso” y la “civilización”. Igual que rememoramos y ensalzamos los grandes logros de nuestros antepasados y nos enorgullecemos de ellos aún hoy en día, me parece de justicia hacer lo propio con las cosas negativas que hicieron esos mismos antepasados. ¿Qué derecho tenemos de olvidar aquellas partes de la historia que no nos convienen o nos incomodan? ¿Acaso hacer eso no constituye un revisionismo histórico deplorable? Con esta serie lo que pretendo es recordar que no todo en nuestro pasado fue brillante, y que deberíamos reflexionar sobre estos hechos para no repetirlos en el presente.

El argumento de la deuda:

El segundo argumento es el argumento utilitarista. Es útil recordar que tenemos una deuda histórica con los pueblos a los que hemos explotado, expoliado, maltratado, torturado y masacrado. Yo al menos creo firmemente en ello. Hablando con amistades y conocidos, me encuentro frecuentemente un hastío con este tema de la deuda colonial. Es algo de lo que se habla, que está presente en la conciencia colectiva, pero que la gente realmente no quiere aceptar. Parafraseando a un amigo en una reciente conversación, dijo algo así como: «Sí, sí; si eso está muy bien, pero ¿por qué tengo que dejar que venga un africano a mi país a quitarme el empleo? Ya bastante mal lo tenemos nosotros con la crisis endémica que padecemos». Bueno, pues yo le preguntaría: «¿Qué derecho tenían tus antepasados de ir a África a esclavizar a su población, esquilmar sus riquezas naturales, alterar sus organizaciones sociales y políticas, y a sumirlos en el caos y la pobreza a perpetuidad?» Aquí es donde la falta de conocimiento hace que la mayoría de las personas minimicen el impacto real del colonialismo occidental en el resto del mundo. Es normal, si nunca han oído hablar de Leopoldo II ni del Congo belga, no pueden saber que allí se perpetró un holocausto. Nuevamente mi amigo: «Vale, muy bien, pero yo no soy mi tatara-tatarabuelo. ¿Qué culpa tengo yo de lo que hiciera él?» Bueno, tal vez debería hablar con algún abogado especializado en responsabilidad civil, que seguro que se lo puede explicar mejor que yo: vivimos en un país en el que si un ladrón entra en mi casa, se tropieza y se lastima, puede denunciarme y lograr que yo tenga que indemnizarle por los daños y perjuicios sufridos mientras estaba en mi casa. ¿Qué responsabilidad tengo yo sobre lo que hagan otros sin mi consentimiento ni mi conocimiento? Pues la tengo. Y también tenemos una deuda histórica con los países a los que hemos oprimido, tanto si nos gusta como si no. Y creo que vendría bien una serie como esta para al menos contrastar lo que está en juego: ¿realmente pesa más tu derecho a no tener que competir por un empleo contra la muerte de 15 millones de personas en el Congo? A veces la lejanía (aparente) de estos sucesos y lo impersonales que son, nos hace olvidar la gravedad del asunto que estamos tratando. A mí me gustaría que el lector reflexionase sobre esta “deuda” y “responsabilidad” si la historia fuera más personal: «Un día nuestro padre sale de casa y visita al vecino dos calles más abajo. En casa del vecino ve unas joyas muy valiosas e intenta hacerse con ellas. En el forcejeo con la familia del vecino, nuestro padre acaba matando al vecino y lastimando gravemente al resto de la familia, pero logra darse a la fuga con la fortuna del vecino, ingresarla en la cuenta bancaria de nuestra familia, y esconderse en un lugar desconocido. Nosotros sabemos lo que ha ocurrido, pero lo ignoramos y vivimos felizmente con los bienes de los que nos hemos apropiado. Cuando unos días más tarde se presenta el hijo del vecino en nuestra puerta para reclamar que le devuelvan lo robado, que entreguemos a nuestro padre a la justicia, y que pidamos disculpas a la familia, le decimos eso de que “yo no soy mi padre” y le damos con la puerta en las narices. Y seguimos viviendo tan tranquilamente de la riqueza que nuestro padre le robó al vecino». Nadie en su sano juicio aceptaría esta conducta como legítima, ni éticamente correcta, ni tan siquiera legal. Sin embargo, cuando los migrantes africanos llegan a nuestras tierras huyendo del caos y la pobreza que nuestros antepasados instauraron en sus países, los recibimos a palos y los deportamos en caliente. ¿Cómo podemos ser tan hipócritas? Yo creo que la única explicación posible es por desconocimiento, siguiendo el lema de que «ojos que no ven, corazón que no siente». Espero que esta serie ayude a abrir los ojos a la gente y con ello contribuya a que también se abran sus corazones.

El argumento sociológico y antropológico

Hay un argumento más que me parece significativo, y es el de que necesitamos conocer esta parte oculta de nuestra historia para entendernos verdaderamente a nosotros mismos también. Siempre me ha producido un repelús tremendo escuchar a la gente decir que lo que ocurrió con el Holocausto judío durante la Segunda Guerra Mundial fue porque Hitler y cuatro amigotes suyos estaban locos. Esta visión simplista de la Historia no acaba de explicar muy bien por qué el maquinista del tren que deportaba a los judíos a los campos de concentración en condiciones completamente indignas e inhumanas no hizo nada para evitarlo. ¿Estaba loco él también? Y los transeúntes en las estaciones de tren que veían cómo embarcaban a los judíos, ¿estaban todos locos también? Lo trágico del Holocausto judío es que todos los alemanes, del primero al último, tienen parte de responsabilidad en el genocidio, ya sea por acción o por omisión, y eso es lo verdaderamente importante que había que aprender de ese episodio tan oscuro de nuestra historia: que no podemos ser ni neutrales ni equidistantes, que cuando se comete un crimen delante de nuestros ojos, somos tan responsables como los perpetradores si no hacemos nada por evitarlo. Lo escalofriante del Holocausto judío es que todo un continente permitió y colaboró pasivamente en este exterminio. Y eso ha tenido consecuencias profundas para nuestra historia europea y para nuestra identidad como sociedad. ¿Cómo se explica que siempre se haya tratado a la extrema derecha con mucha más consideración que a la extrema izquierda? ¿Es casualidad que siempre queramos minimizar la participación colectiva en el Holocausto judío? ¿No será más bien que somos conscientes de que todos hemos sido un poco nazis y por eso intentamos ignorar todo lo posible el tema no sea que al final alguien acabe señalándonos a nosotros también?

Si este planteamiento está fuese correcto, tampoco nos debería extrañar que nunca hayamos oído ni hablar de los crímenes, masacres y genocidios de nuestro pasado colonial. Todos los europeos (y los norteamericanos) nos hemos beneficiado a costa de estos crímenes, y nos incomoda la idea de que quizá el día de mañana alguien venga pidiéndonos cuentas. ¿Recuerda el lector la historieta que conté más arriba? Pues eso.

Hasta aquí, el tercer argumento parece el mismo que el segundo, pero el argumento va más allá. La parte académicamente interesante es la de las consecuencias sociales que esta actuación ha tenido en la sociedad. El que miente se convierte en un mentiroso, y el que encubre un crimen se convierte en un criminal. ¿En qué se convierte una sociedad que se erige sobre una montaña de huesos humanos y que tiene las manos manchadas de sangre a más no poder? Este es un tema antropológico y sociológico increíblemente interesante, y que espero poder abordar también a lo largo de la serie de documentales sobre este tema del colonialismo occidental.

Por ejemplo, y esto ya lo mencionamos en la asignatura de DBGH, ¿hasta qué punto las teoríasraciales y las concepciones racistas de la sociedad del siglo XIX eran genuinas y hasta qué punto eran una reacción visceral por intentar justificar lo injustificable? Me explico: cualquiera que escuche un relato sobre una masacre de un pueblo pacífico, se horrorizará y pedirá cuentas a los responsables. Sin embargo, cuando todos nos estamos enriqueciendo gracias a esos crímenes y estos son muy convenientes, es difícil ponerles freno. Pero ningún ser humano es capaz de vivir en paz con sus propias contradicciones morales, la disonancia cognitiva que eso genera es paralizante. ¿Qué alternativa nos queda? Bueno, pues podemos inventarnos alguna historia, algún mito, que justifique los crímenes que estamos cometiendo. Por ejemplo el mito raciológico. «No, es que esos seres de piel oscura a los que estamos esclavizando en realidad no son humanos, son poco más que unos simios calvos», sostienen los científicos de la época.

Estas teorías y animosidades no son algo del pasado lejano. Están muy presentes aún hoy en día. Creo que en EE.UU. se puede apreciar un buen ejemplo de esto en la discriminación aun existente en contra de los afroamericanos. Recuerdo cuando se inundó Nueva Orleans en el año 2005. Cuando en las noticias salía una familia o un grupo de personas blancas entrando en una tienda a coger comida, eran unas pobres víctimas intentando sobrevivir. Cuando la familia o el grupo de personas eran negros, entonces eran vándalos y criminales, y la policía abría fuego contra ellos desde helicópteros y tejados. ¿Cómo se explica esto si no es a la luz de una oscura historia compartida? Primero, durante cientos de años los esclavistas estadounidenses esclavizaron de manera terrible a los afroamericanos, y se inventaron mitos acerca de la superioridad de la “raza” blanca sobre la negra para justificarlo. Cuando finalmente se les obligó a liberar a los esclavos, juraron vengarse de ellos, y hasta hoy en día existe de facto una mentalidad de Apartheid social contra los negros. No hay otra manera de explicarlo, la historia necesariamente marca a las sociedades. Tener esclavos te convierte en esclavista, y una sociedad que tolera la pena de muerte es una sociedad asesina, al mismo nivel que otros hechos históricos marcan la psique colectiva de las naciones. Hay quien dice que la pérdida de Cuba está en la base del complejo de inferioridad social del pueblo español, por ejemplo. Y yo sostengo, en base a mis propias experiencias, que la sociedad rusa está profundamente alienada porque vive sobre los restos del auto-genocidio perpetrado por el régimen comunista durante casi todo el siglo XX. En cambio Sudáfrica –nuevamente en base a mis experiencias personales- parece no haber quedado marcada por el Apartheid. ¿Qué diferencia a Sudáfrica de Alemania, de EE.UU. o de Rusia? En mi opinión la gran diferencia radica en que en Sudáfrica se hizo un proceso de transición muy diferente. Los esclavistas sureños de EE.UU. fueron amnistiados. Los juicios de Nüremberg apenas sí afectaron a un pequeño porcentaje de la sociedad alemana, y sólo a aquellos que se habían visto envueltos de manera activa en crímenes contra la humanidad. Incluso en la Alemania del Este se protegió y eximió a muchos criminales debido a su utilidad para el nuevo régimen (la Stasi aprendió mucho de la Gestapo). En cuanto a Rusia, tras la muerte de Stalin hubo una amnistía general y luego el régimen continuó con las prácticas estalinistas de todos modos, y pobre del que hiciera preguntas o demandara responsabilidades. La vergüenza nacional rusa es tan profunda, que dudo que nunca se recuperen: es demasiado macabro y doloroso mirar a su pasado y a sus Gulags como para poder redimirse de ello. Pero eso es justamente lo que es necesario hacer. Es justo lo que hizo Sudáfrica. En Sudáfrica no hubo una amnistía general sin más. Hubo una amnistía condicionada. Se la llamó la «Comisión de la Verdad y de la Reconciliación», y consistía en que se concedería el perdón (la amnistía) a todos aquellos victimarios que reconocieran públicamente sus crímenes y abjuraran de ellos. Quien no lo hiciera, o quien ocultara parte de sus crímenes podía ser legalmente perseguido por ellos. Fue un proceso muy doloroso. Pero fue un proceso que permitió cerrar las heridas en limpio. Permitió que la verdad se supiera, y la verdad los hizo libres. Se honró a las víctimas conservando su memoria; se honró el pasado común, aunque fuera doloroso e incómodo; y gracias a ello la sociedad no se fracturó ni los vencedores se vengaron de los vencidos (como sí ocurrió, por ejemplo, en Zimbabwe, donde todos los blancos fueron desposeídos de susbienes).

¿Necesita el lector más pruebas de que la historia marca a las naciones? ¿Cómo fue la transición del franquismo a la democracia en España? Se declaró una amnistía general, se corrió un tupido velo, y más de cuarenta años después la sociedad sigue fracturada y dividida en dos bandos. No se puede olvidar ni tapar el pasado. Incluso el día en que el último contemporáneo de la época franquista haya muerto, aún entonces España seguirá dividida. ¿Cómo es esto posible, si llegado ese día no quedará con vida ninguna víctima ni ningún victimario? Ah, pero la memoria colectiva no olvida. Como sociedad sabemos lo hipócrita que fue la transición, donde cambiamos a una democracia de nombre pero no de fondo: el cuerpo policial siguió contando con todos sus efectivos franquistas, el ejército siguió siendo franquista, la judicatura al completo siguió siendo franquista, y la mayoría de los políticos seguían siendo franquistas. ¿Qué nos impide realmente dejar caer todo el franquismo, ya tan rancio y desfasado, y pasar página? Pues nos lo impide la justicia histórica. No hemos honrado a nuestros muertos, no hemos honrado nuestra historia. Somos una sociedad de gañanes y de hipócritas porque ese ha sido, colectivamente, nuestra actitud con respecto de nuestra historia. «Si te he visto, no me acuerdo», y nos lavamos las manos. Pero la verdad está ahí como el proverbial elefante rosa.

Lo mismo ocurre, pues, con nuestro pasado colonial. Nunca podremos mirar en igualdad de condiciones a nuestros hermanos árabes, africanos o americanos hasta que no reconozcamos las sombras de nuestro pasado colonial opresor y esclavista. Hasta que no reconozcamos el mal original que causamos, seguiremos condenados a repetirlo y perpetuarlo. Los “moros” siempre serán ciudadanos de segunda, porque osaron independizarse por las armas y nos ganaron. ¡O si no que se lo digan a los islamófobos franceses (recuerden la guerra en Algeria en los años 1950)! Sólo cuando reconozcamos que no teníamos derecho a estar ocupando los países árabes en primer lugar, podremos aceptar su lucha de independencia, y haciéndolo encontrar un nuevo respeto hacia esos pueblos. El respeto que emana de reconocerlos como a un igual.

Espero pues que esta serie de documentales pueda ayudar a dar el primer paso en este largo proceso de reconciliación. Primer paso que consiste en dar a conocer los crímenes que los occidentales cometimos contra otros pueblos durante nuestra época colonial.




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