miércoles, 16 de junio de 2021

Bibliografía - "Brevísima relación de la destrucción de las Indias" (Bartolomé de las Casas)

Reseña del libro “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” de Fray Bartolomé de las Casas



La conquista de América por parte de los europeos, notoriamente de los españoles, es un hecho muy importante en la historia de la humanidad. Es uno de los hitos que marcan la transición de la época medieval a la época renacentista, con todas las implicaciones socioculturales que eso conllevó. Pero como hemos visto en la asignatura, también fue uno de los grandes hitos de la humanidad desde el punto de vista antropológico: con los viajes transoceánicos comenzó un proceso de convergencia entre poblaciones humanas que hasta entonces habían estado divergiendo y separándose irremediablemente desde la salida de África de los antecesores de dichas poblaciones. Se iniciaba pues una inversión del patrón de diversificación humana, y se iniciaba un proceso de homogenización genético, fenotípico, y hasta cultural, que continúa hasta nuestros días. 

Entender cómo se produjo este encuentro entre pueblos tan distintos es de gran relevancia para entender la evolución humana y la diversidad de nuestra especie. Es un tema del que hemos hablado en numerosas ocasiones a lo largo de la asignatura, especialmente en los temas relacionados con América y con el siglo XVIII y XIX. Y actualmente estoy planificando la posible grabación de un capítulo adicional para la asignatura específico sobre la conquista de América

Me ha parecido por tanto importante empaparme de las fuentes originales, a fin de poder comprobar por palabra de testigos directos cómo se produjo aquel contacto entre europeos y americanos. Por lo pronto, el más importante documento en este sentido es el libro que publicó Fray Bartolomé de las Casas hacia mediados del siglo XVI, y en el que denuncia los terribles estragos que produjeron los conquistadores españoles entre la población nativa, en su obsesión por obtener oro y riquezas. 

Mucho se ha hablado acerca de la veracidad o falsedad de los relatos que en este libro se incluyen. Y también mucha crítica indebida se ha sustentado en esta valiente denuncia del proceso de la conquista. Pues hay que saber distinguir entre el periodo de conquista inicial durante los primeros 50 0 60 años desde el descubrimiento europeo de las Américas, y los 300 o 400 años siguientes de convivencia mayormente pacífica y de mestizaje. 

Sin duda alguna, la denuncia a los cuatro vientos que hizo Fray Bartolomé de las Casas fue determinante para que se obrase este cambio de rumbo en el trato entre conquistadores y nativos, al menos en el territorio de la corona española, y que seguramente resultó en una “ocupación” mucho más benigna que las que tuvieron lugar en otras partes del continente americano, como por ejemplo en el oeste medio de Estados Unidos, donde hasta en el siglo XIX se continuó intentando exterminar a los nativos. 

 Por supuesto, el hecho de que la forma de interacción entre los españoles y los nativos americanos cambiara a mejor a partir del siglo XVII como tarde, no significa que la brutalidad y salvajismo de los desmanes iniciales puedan ser ignorados. Existe una importante tendencia en la literatura española en este sentido, un sentido que tiende a justificar los medios en base a los fines. Y lo hacen con argumentos que, le pese a quien le pese, son en muchos casos sólidos y de peso. A fin de cuentas, hablamos del siglo XV, y en la época todas las naciones europeas se dedicaban con alegría a quemar vivos a herejes y traidores, e incluso a seres mágicos como las brujas. Entre turcos y cristianos en el Mediterráneo también se desarrollaron lazos de fraternal humanismo, como el de crucificarse, esclavizarse, amputarse manos, narices, orejas, labios y lenguas, y mil delicadezas más. ¿Le sorprende a alguien que en el siglo XV los exploradores europeos (fueran portugueses, españoles, británicos u holandeses) se dedicasen a hacer lo mismo contra las poblaciones nativas de América, África, Asia y Oceanía? 

Personalmente, las muchas y terribles acusaciones que hace Fray Bartolomé de las Casas me parecen creíbles si tenemos en cuenta estas circunstancias históricas y culturales de la época. Muchos han sido los que han alzado la voz clamando que las denuncias de este fraile eran insidiosas mentiras y exageraciones, y que no se les debía prestar mayor atención. Yo, personalmente, no creo que tal sea el caso. Es cierto que él no estuvo en todas partes en todo momento, y en algunos pasajes se basa en lo que otros testigos le contaron. Pero la naturaleza cruel, sanguinaria, y hasta genocida, no me parece ajena a lo que aquellos conquistadores españoles debían ser capaces de cometer: 

En primer lugar, hay que tener en cuenta que los primeros “exploradores” españoles eran gentes de armas, y no tanto colonos civiles. El mismo año en que se descubría el Nuevo Mundo, se terminaba la reconquista de la Península Ibérica, con la caída del reino de Granada. Cientos de nobles y miles de soldados quedaban pues ociosos y sin trabajo, una vez rendida Granada. Muchísimos de entre ellos, ante la perspectiva de tener que quedarse en una tierra pobre y anquilosada en el pasado, optaron por intentar alcanzar gloria y riquezas en el Nuevo Mundo, donde trataron al indio como hasta entonces habían tratado al moro: con saña sanguinaria, y con mucha codicia. 

 Más aun, entendiendo que en España se acababa de instaurar el absolutismo monárquico, y que sobre el reino de los cielos regían unas instituciones eclesiásticas igualmente absolutistas y tiránicas, es difícil concebir cómo alguien de estas tierras podría haber propiciado un trato humano e igualitario a unos pobres “salvajes” literalmente desarrapados. Más bien al contrario, era de esperar que los vasallos que habían sufrido la opresión de una sociedad absolutista, quisieran alzarse en opresores absolutos de sus nuevos vasallos, continuando el ciclo inquebrantable de que los maltratadores suelen ser hijos maltratados. Separados además por un océano infinito, aquellos conquistadores se llenaron de soberbia, y cegados por su codicia y ambición personales, quisieron endiosarse. El Rey y la Iglesia quedaban muy lejos, y en el mejor de los casos su brazo justiciero podía tardar años y hasta décadas en alcanzarlos. Liberados así de toda consecuencia legal o moral inmediata, y habiendo perdido cualquier restricción moral que pudieran haber tenido en España, los conquistadores rápidamente cayeron en los más bajos instintos animales, y el salvajismo más absoluto. 

Saltando ahora más de quinientos años hacia el futuro, nos encontramos ahora con que tenemos que entendernos con este capítulo tan complejo de nuestra historia nacional. ¿Qué hacer con Fray Bartolomé de las Casas y su denuncia? ¿Le quitamos hierro al asunto señalando que a la larga todo ese sacrificio fue para el bien de los nativos, que habrían padecido más bajo la tutela de otras naciones europeas? ¿O nos vamos al otro bando y demonizamos por siempre jamás a los españoles por los innombrables crímenes de sus ya distantes antepasados? 

En mi opinión hay una solución intermedia consistente en tomar conciencia en vez de tomar postura. A fin de cuentas, no hay una versión correcta o incorrecta de la Historia, ya que la Historia no se puede ni resumir ni valorar en conjunto. La Historia lo que nos arroja son datos, y lo importante en todo caso es conocer esos datos lo mejor posible. Seguramente la influencia española en Latinoamérica fue positiva a partir de que el periodo de conquista fue dando paso al de la convivencia, y sin embargo, eso no es incompatible con reconocer y aceptar que la conquista en sí fue un episodio lamentable y traumático del que difícilmente uno pueda enorgullecerse. Ni lo uno ni lo otro, además, es razón para echar balones fuera comparándonos con lo que otras naciones europeas hicieron o pudieron haber hecho en nuestro lugar con aquellas tierras. Para bien o para mal, la responsabilidad de aquellos hechos históricos es nuestra y no me parece aceptable “contemporarizarlos” si la intención es la de lavarnos las manos al respecto. 

Por todo ello, para bien o para mal, tomemos la postura que tomemos, o que dejemos de tomar, creo que es un ejercicio de conciencia y honestidad intelectual leer este pequeño librito de Fray Bartolomé de las Casas, a fin de prestarle su debida atención a este periodo histórico de nuestra patria, y conocer de primera mano nuestro papel en todo el asunto.

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